martes, 14 de septiembre de 2010

Al son que les tocan



Para Roxana y Ariana por las conversaciones a propósito.



El espectáculo es, para mi gusto, denigrante. Una spingbreaker —o sea que no llega a los 20 años— encima de un escenario con la grupa alzada; un reggaetonero que le propina tremenda nalgada y acto seguido, después de una pirueta en la que pasa la pierna sobre su cabeza, adelanta la pelvis —lo que en Cuba llamaríamos ni más ni menos que un pingazo— y la niña sale volando cabeza abajo. Se incorpora en medio de las risas del resto de los bailadores y vuelve a subir a la tarima para recibir su siguiente dosis de “castigo”.
“Hay mujeres con tan poca dignidad”, dije, “que cómo no van a proliferar los hombres que las maltraten”. Una amiga me respondió que tal vez no es cuestión de dignidad sino de educación. Incluso de gustos diferentes. Entonces recordé los movimientos coreográficos, tan similares al performance del video, de un ritmo tradicional cubano como el guaguancó. Recordé a los rockeros que se lanzan al público en un acto de liberación y, desafiando las leyes de la gravedad, navegan entre los brazos de una marea de admiradores. Recordé a otras tantas jovencitas que gritan como poseídas en los conciertos y les obsequian sus prendas íntimas a los artistas. Recordé las manifestaciones de fanatismo instintivo de casi todas las religiones.
La filmación de marras es un reportaje sobre los dislates de los adolescentes gringos durante el Spring Break y estaba en el muro de un amigo de Facebook, anunciada como algo hilarante que no debíamos perdernos. Algunos de los participantes en el debate que se armó a continuación, apoyaban la tesis de la comicidad e incluso consideraban el material como una joyita. Yo me preguntaba si estarían ironizando, si realmente les resultaba graciosa la situación o tal vez la observaban con interés antropológico, como si vieran un documental de las costumbres de apareamiento de los chimpancés.
¿Qué significará para esa niña del video —me cuestioné entonces— que el individuo la empuje al vacío de un vergazo? ¿Acaso un privilegio, el honor de haber sido elegida como doncella para sacrificio, un bello recuerdo de un artista a quien admira? ¿Estoy irrespetando el derecho a la diversidad del que habla mi amiga cuando digo que me parece denigrante tal comportamiento o el que las mujeres bailen, sordas y gozosas, ritmos en los que se afirma que son unas perras arrabaleras que deben ser castigadas o que las prefieren muertas por traicioneras y poca cosa?
El domingo conocí a la nietecita recién nacida de unos amigos muy queridos. La abuela, para hacerle gracia, bailaba como loquita una salsa. La niña, que se reía y movía con júbilo sus extremidades, seguramente crecerá entendiendo que ese ritmo es divertido, ameno, del gusto de sus parientes. A ninguno de los que allí estábamos nos parecía insano que la criaturita lo asumiera de ese modo desde tan tierna edad. Eso mismo ha de suceder en el seno de las familias amantes del reggaetón. ¿Por qué entonces éste, y no la salsa u otras danzas, nos lleva a límites de tolerancia?... ¿Tal vez porque subvierte los pilares morales de la “decencia” occidental, especialmente los relacionados con la exhibición de la sexualidad?
¿Qué hace distintos al chúntaro style o el slam del ska del danzón, el mambo o el chachachá?... ¿Sólo una mirada clasista, racista o generacional? ¿Tal vez la exaltación de la violencia y el maltrato a las mujeres? ¿O la exaltación de ese maltrato con tintes de violencia? Porque, a decir verdad, ¿qué tanto se diferencian de otros géneros más candorosos —como el bolero, la balada o las rancheras— donde, disfrazadas de galantería y devoción, asoman tantas muestras de desprecio, subestimación y condena hacia ellas?
Uno de los grandes problemas de las sociedades humanas, desde su instauración misma, es no haber aceptado ni consentido el derecho de cada uno a ser como es y a que le guste lo que le gusta. El afán del poder —sea cual fuere y al nivel que fuere, desde los gobiernos hasta la familia— por estandarizar a todos en una única norma “aceptable” hace que grandes sectores de este conglomerado queden entre los límites de una marginalidad diversa y mayoritaria, porque ¿qué porcentaje de la población mundial es blanco heterosexual masculino occidental y saludable?
Es decir, que casi todos somos minoría. Pero dentro de esas minorías también nos despreciamos, nos cuestionamos, nos deslegitimamos unos a los otros. Forma parte de la naturaleza humana —¿o será también cuestión de educación y costumbres?— defender con pasión nuestras creencias, querer tener la razón y, para ello, tratar de anular —con argumentos o a la fuerza— toda disensión. Difícilmente intercambiamos criterios con naturalidad si éstos son disímiles. De modo que sé que voy a dejar en candela este Parque cuando plantee el intríngulis al cual me han arrojado estas reflexiones.
Soy una mujer que dedica gran parte de su vida, su obra y sus esfuerzos a edificar una sociedad donde todos tengamos los mismos derechos y oportunidades, y las mujeres seamos respetadas y consideradas con equitatividad. Pero si a la niña del video y a sus contertulios les satisface que los tiren de la tarima a punta de ya saben qué, ¿tienen derecho a seguir bailando al son que les toquen o hay que llamarlos a la “cordura” y convencerlos —concientizarlos— de que esas mujeres merecen un trato digno? ¿Debemos contentarnos con su modo de divertirse, pensar que son "cosas de muchachos", dejarlos a su aire o tal vez simplemente reírnos como mis amigos de Facebook; o en cambio, tomar una actitud crítica que pudiera ser, si lo vemos fríamente, represiva o coercitiva? ¿Qué hacer ante esas manifestaciones de la cultura popular?

26 comentarios:

Marielena dijo...

Parque incendiario... yo soy de la idea de manifestar inconformidad con cualquier cosa que denigre, especialmente a las mujeres... en alguien quizá haga conciencia, no represión.

Patricia Toledo dijo...

Me impresiona la falta de comentarios en un espacio donde estos abundan. Creo que más que manifestar inconformidad o ser represivas, las mujeres podemos mostrar "sororidad", este término acuñado por las feministas que nos invita a ser más que solidarias: a hermanarnos. Si todo, comenzando por nuestro idioma es sexista, si nacemos marcadas socialmente por nuestra condición biológica de hembras, si es imposible ver aquello que no nos enseñan a ver, me parece justo que lo visibilicemos, que le digamos a la niña de la tarima que ser objeto de placer para los hombres no la hace más mujer, y que tampoco debe luchar por su dignidad porque esa es una condición intríseca del ser humano, que su cuerpo le pertenece y que el placer que de él o para él emane sólo le compete a ella, tal vez y sólo tal vez, ella y todas, tendremos la posibilidad de vernos con otros ojos y a partir de allí tomar exclusivamente nuestras decisiones, obviando el bagage cultural, social y por demás desigual, con que "nos hacen" mujeres. ("No se nace mujer, se llega a serlo" S de B)

Issa Martínez dijo...

Pues tal vez sea intolerante, lo cierto es que a mí no me agrada el reggaetón. Creo que es en exceso vulgar, no me parece rico musicalmente, y opino que al menos a mí me resulta ofensivo el espectáculo visual que los bailarines ofrecen. Me parece como si se divulgara la intimidad de las personas a los cuatro vientos o, tal vez como una presunción o hasta “recomendación” de “lo buenos que pueden ser” en sus habilidades sexuales, no sé si me explico…
Creo también que ciertas manifestaciones (de diferente índole) incitan al “desmadre”, a la no valoración personal y hasta a la pérdida de la dignidad. Quizá sea generacional, cultural, o cuestión de educación. Yo choco en muchos gustos con mi hija de 19 años, sin embargo, a ella tampoco le agrada el dichoso reggaetón.
A veces las personas siguen el enfoque que la mayoría da a ciertos temas para no parecer desfasados, anticuados o poco liberales, lo que yo creo es que las nuevas generaciones no tienen muy claro los límites y tal vez eso sea culpa de quienes educamos, lo interesante sería saber qué es lo que ha llevado (o nos ha llevado) a los padres a ser tan permisivos: yo tengo la teoría de que las necesidades económicas y por consecuencia de éstas, la necesaria participación de la madre como medio de manutención puede tener influencia en el tema. Quizá la culpa de los padres por el poco tiempo que pasan (pasamos) con los hijos, sea otro motivo. En fin, tal vez sea una moda el dichoso baile o tal vez sea una manifestación artística nacida de una necesidad, la cual yo, lo reconozco, me siento incapaz de comprender.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho tu reflexión. Qué hacer, se preguntan tantas europeas, ante la mujer que defiende la ablación del clítoris de su hija? Ante la que decide ocultar su cabellera y las formas de su cuerpo con una tunica norteafricana? Ante la que decide someterse a un esposo? En el siglo 20 se creia que la educacion nos haria libres, que al que nace esclavo se le puede liberar a traves de liberar su mente, que el colonialismo es tan fisico como mental y la educacion es la clave de la libertad.
Somos gentes del siglo veinte, productos de la modernizacion. Los antropologos estudiamos a los pre modernos en vias de extincion, pero como madres (o mas bien tías) no sabemos que hacer con las que, segun nuestro parecer modernista, se deciden de libre albedrio y con elementos de juicio por una posicion social y sexual de aparente subordinación. Es que no hay memoria historica al respecto de la liberacion de la mujer? Fue el movimiento feminista en vano?
Tenemos preguntas pero no tenemos respuestas.

Mayda Anias dijo...

La tolerancia tiene límites, y el respeto a la diferencia es una expresión de educación y cultura, pero, ¿hasta qué punto todos entendemos que sea así? ¿El lenguaje de "nuestra" educación es entendido por todos? Encongernos de hombros puede ser interpretado como un "allá ellos", pero así se va extendiendo el mal gusto, la depravación y expresiones que pasan por artísticas cuando en realidad se acercan más a insinuaciones de violencia habitual, proporcionada y aceptada con alegría y como diversión.
En lo personal tanto el video como el reguetón, como el hip hop, no son más que expresiones de la marginalidad y, en todo caso, corresponde a la sociología el estudio y no a la -para mí- inaceptable llamada "cultura popular".

Mabel Cuesta dijo...

las estructuras necesitan dinamitarse a un noventa por ciento más de lo que hemos avanzado hasta la fecha... los roles siguen predeterminando actuaciones y los niveles de escolarización siguen siendo bajos en todas partes... eso explica el regreso de la muchacha al escenario. En una posible lectura positivista, las especies están pre-condicionadas. En otra seudomarxista, las estructuras capitalistas en donde cada quien solo vale lo que produce, fue no más que su manera de entrar al sistema de producción de imaginarios estables: intercambiemos culo por visibilidad, que lo demás es bobería...nuestro rol? escribirlo
beso

Escombros Hablaneros dijo...

Pienso que para gustos se han hecho colores, puedo o no concordar pero nunca criticar.

Ana Paulina Malavassi dijo...

El tema se las trae porque la violencia contra la mujer está presente en todo y la música no es la excepción. Recuerdo cuando en este muro se discutió sobre la pegajosa letra "Hijo de la luna", algunas personas que participamos coincidimos ...en que fue un proceso de concientización el que nos llevó a comprender el verdadero mensaje de la canción: la justificación del femicidio, que no es nada novedosa porque desde hace mucho tiempo la hemos venido escuchando en interpretaciones de Gardel y Jaramillo. Sin embargo, con el reggaeton el asunto llega a su máxima expresión por la vulgaridad extrema de las letras y del baile, lo cual representa toda una contradicción porque mientras diversos sectores de la sociedad propugnan por un cambio en las relaciones entre los géneros, la sociedad de consumo a cada segundo nos contraataca con un discurso fulminante: las actitudes machistas, sexistas y violentas son aceptables y hasta cómicas. El fomento de los valores puede ser la solución, pero la verdad eso ya está muy trillado. Los valores que me inculcaron las monjas en el colegio de nada me sirvieron para comprender el trasfondo de "El hijo de la luna". Además, no debemos olvidar que lo que más cuesta cambiar son las ideas de las personas, por lo mismo mientras no contemos con sistemas de educación que realmente nos enseñen a pensar, razonar, discernir y respetar al otro difícilmente el estado de cosas cambiará. Sólo me resta decir que el razonamiento implícito en el post me ha gustado mucho.

jtg dijo...

Excelente texto, amiga. Bien complejo ese asunto. Siempre andamos deshaciéndonos de la bestia que fuimos, y, a veces, para bien o para mal, no podemos logarlo. Hay líneas muy finas entre lo elegante-erótico y lo vulgar-copulativo. Sin años y sin educación esas líneas se hacen invisibles para el mal gusto. Todo tiene que tener cabida en la cultura, en sus expresiones artísticas, pero lo que es grosero y denigrante siempre lo parecerá y nunca pasará de ahí... Sobre tu texto nada que objetar, sólo añadir que la situación es tan denigrante para la chica como para el chico: Él es tan víctima como ella del mal gusto que nos persigue. Participa tanto como ella de la banalización del erotismo que nos mantiene bien cerca de la bestia en que un día fuimos inhumanamente libres. Te abrazo.
Jorge

Nancy Estrada dijo...

Querida Odette,al final lo nombras: cultura "popular", y lo pongo entre comillas, porque cultura es cultura, lo que nos falta es digamos, educacion social. Y ahi esta el detalle, como decian en las viejas peliculas mexicanas. Cada epoca tiene sus manifestaciones. Para bien o para mal. Pasar el brazo por el fino talle de una Mujer al bailar el vals, un, dos, tres, envueltos en los giros y giros de la melodia, era pecado mortal. Y que decir de nuestras Abuelas mostrando el tobillo... Los apretones al bailar "en un ladrillito, hacian agitar a las chaperonas el abanico. Todo ese "guasabeo" por decirlo de alguna forma es reflejo de esta epoca convulsa que vivimos en que cada vez "los humanos" nos asfixiamos mas en el desenfreno que propone el dia. Unas se lanzan al abismo "de un vergazo", en el mejor de los casos, mientras otros acuden a la droga o el alcohol. La "cultura", querida mia, como la sociedad, la iglesia etcetera, siempre ha sido, es, por llamarle de algun modo, machista. Lo que a mi, particularmente me alarma, es observar cada dia como la mayoria de la gente se aisla tras los audifonos, el celular, la maquina de dejar recados, señor, si no quieres que te llamen simplemente no des tu numero! Las nalgas se mueven al ritmo caliente desde la caverna y nosotros somos exactamente aquellos. Solo que entonces, tal vez, alguna noche calida, mirabamos a lo lejos las estrellas infinitas.
Ayer, precisamente, el terapista de la clinica donde trabajo me decia, Nancy, escuche estas "canciones", para mi gusto eran un devario total de palabrotas sin coherencia donde la musica escaseaba...
Me dije, me estoy poniendo vieja porque a el le gusta. Y es que en toda esa griteria, falta de respeto, ausencia, esta el reclamo de estos Tiempos. Tiempos muuuuuuuuuy feos para mi gusto. Me complace decir que soy una Mujer de antes, con otros aires, como ese leve perfume antiguo de Nina Ricci. Lo unico que exijo es RESPETO, y el cumplimiento absoluto del Onceno Mandamiento: NO JODER. No olvides que el mono baila al ritmo que le pongan, uno es siempre quien elige. No pongamos "etiquetas" al hablar de minorias, pienso, tal vez este equivocada, abrazamos los prejuicios.

Te abrazo

Nancy

Anónimo dijo...

el comentario anonimo es mio (=ariana). no se por que no salió mi nombre en la cajita de la identidad.

Mariel dijo...

Grande, Odette!!!!

Pedro Merino dijo...

I love that blog...

Ernesto dijo...

Odette,
El final del posteo me recordo aquellos progamas de la TV en Cuba que tras unas escenas con la puesta de una situacion terminaba con aquello de "¿Que piensa Usted profesor?"
Lo pirmero que quiero compartir es que mi abuela decia que -contrario a lo que la mayoria proclamaba con los nuevos bailes- los jovenes eran ams sanos, pues iban directos al toqueteo, mientras que en su tiempo lo disimulaban con el aparentemente inocio danzon. Entonces, como dicen aca: ojo al piojo!
Tengo, despues, dos planteos, uno optimista y otro pesimista.
OPTIMISTA: Coincido con los que dcien que la solucion es la educacion, haciendo la salvedad de que hay que entender que no es lo mismo educacion que instruccion. Y ahi hay que poner la fuerza, tal cual tu haces.
PESIMISTA: El ser humano en su desarrollo no ha cambiado basicamente. Y no lo hara.
Asi que a lo que mas podemos aspirar quizas es a que esa chica (que parece haber percibido el extasis cuando el rapero de marras la lanzo al ruedo pelvazo mediante)con otra educacion, sea consciente de que su alegria y exitacion tiene mas de resultado socio-sexo-historico que de emulsiones musicales.
E. Carro

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

Pienso que es denigrante, casi todo, por el lenguaje, y lo corporal que más que sensualidad es roce y exposición vulgar que no deja mucho a la imaginación.

Anónimo dijo...

Amiga mía, escribo desde la grada donde, sin ánimo de polemizar disfrutamos el tablazo que luego se convirtiera en esta longaniza moral que intenta sacralizar conductas humanas y relega el video de marras a un ambito siniestramente extremo. no entiendo nada, aunque me gusta que a medida que avanza tu post la tolerancia deja un camino posible a quien quiera elegir desbordar su deseo sin ambages, tal y como lo dicta su libido. Este es un dilema tan antiguo como polémico, y creo que muy en el fondo hay cierto recelo por el protagonismo perdido de quienes cuestionan lo que en su interior tiene visos de deseo asesinado, siemprer recuerdo con malicia esos dias de juventud en que, al caer la madrugada, mientras esperaba la guagua que debia regresarme a mi pueblito de campo, y cuyo paradero se encontraba en los alrededores de la terminal de trenes de La Habana, zona oficialmente marginal y denigrante en los libros de moral y cívica de la epoca, veía desfilar llavero en mano personajes que horas antes juraban absoluta fidelidad al Opus Dei. Con franqueza te confiezo que nada me asombra, nada me parece aborrecible si cada quien elije para si lo que quiere ser a los ojos del mundo, son muchos los comportamientos que han sido y siguen siendo cuestionados en el mundo de dobleces y angustiosas máscaras en el que habitamos pero, si algo he aprendido, si alguna frase de este mundo me hace invulnerable es la que más de una vez he escuchado en boca de poetas y comunes, de mujeres y hombres, de obreros y maestros, de duchos y neofitos, " a singar que se fue la luz". JCValls

Anónimo dijo...

sòlo me resta decir: ni hablar.

un abrazo enorme y mil besos, odette.

juan carlos

Roxana Fuentes dijo...

Quizás llegue un tiempo en que las diferencias heredadas sean historia, o ni siquiera, que a veces hay historias que les dan idea a algunos. Si por fin comprendemos que las “diferencias de género” son parte de una “construcción cultural” y que realmente lo que somos es “diversos”… quizás sea por la persistente labor de movilizar el pensamiento, como ahora haces con este comentario, Odette.
No pienso que la negación o represión de este tipo de comportamiento del video reseñado (ni siquiera del reggaetón como género que pudiera estimular ciertas conductas) es viable para alcanzar el respeto reclamado. Todas las danzas ya sacaron de sus cabales a muchos y pasaron por “indecentes” al menos una vez, cuando no muchas…solo que ahora es el momento “sin gloria” del reggaetón, que también será sucedido por otro ritmo, y otro, y otro… que recibirán las críticas moralistas de quienes vengan después. Es como un proceso “natural”, reflejo de la expresión de ciertas minorías, que alcanzan planos estelares en buena medida, por la singularización que le ofrenda la mayoría. ¿Ignorarlas?. No me parece. ¿Hay una escalada de “provocación”?. Sin duda. Pero me gustaría discernir dos temas que no merecen ir de la mano: la falta de equidad entre las relaciones de género, y la exhibición de la sexualidad.
Sobre la desigualdad de géneros… obviamente la “anécdota” de este video (reflejo de una realidad social) no deja margen a equívocos, la simple ridiculización del “otro(a)” deslegitima aquello de “amarás al prójimo como a ti mismo”. Basta entonces con que el “prójimo” (ella) lo advierta, y más que buscar su espacio social… vaya por él. Un camino, insisto, que tiene su horizonte en la capacidad de movilizar el pensamiento por quienes ya comprendieron de qué va esta desigual estructura social.
Ahora bien, me gustaría deslindar la observación sobre el “atraco” a la figura femenina, del concepto de la “ofensiva” exhibición de la sexualidad. Me atrevería a decir que este punto no se le escapa a nadie, ni siquiera a quienes no llegan a advertir la “agresión” a la mujer explícita en las letras de las canciones o en los roles de un audiovisual. ¿Qué es lo que enerva o asusta de las muestras de “sexualidad”, incluso donde no se veja a la mujer?. Los conceptos de moral son tan “construidos” como las “diferencias de género”. ¿Por qué nos cuesta lidiar con la sexualidad incluso más allá de la “legitimada” relación hombre/mujer?. ¡Es la naturaleza humana!. No podemos desexualizar el sexo, está implícito en todas nuestras expresiones, aunque algunos quieran negar el placer (sin importar los géneros). Es histórico eso de que las manifestaciones del sexo desenfrenado van a destruir la sociedad, claro, ahora la trama ha cambiado lo suyo, y el desenfreno de las manifestaciones de sexo homosexual es lo que “verdaderamente puede destruir” la “sociedad”. ¡Di tú!.
Abogo por una persistente “educación” que aúpe la diversidad entre los géneros y no la diferencia. Defiendo la tolerancia “sin límites", para que no pierda su condición de comprender la realidad y así poder cambiarla. Apoyo debates como este. Gracias, Odette.

Carmen Karin Aldrey dijo...

El dichoso reggaeton es un fenómeno verdaderamente complicado, se le relaciona incluso al narcotráfico y la prostitución. Nace en los barrios pobres de Panamá por la influencia del reggae jamaicano, luego se fue mezclando con diferentes ritmos, entre otros el hip hop, la salsa o el ballenato. En esencia, es abanderado del machismo, la obstentación sexual,la vulgaridad,la violencia, las pandillas, el abuso de las drogas y el alcohol, el ánimo de lucro desmedido, y está orientado a interpretar el rol femenino en su más bajo nivel: la mujer es sólo un instrumento para ser usado en el sexo, ser maltratada y considerada un objeto de ostentación. Es decir, una especie de subcultura underground que toma fuerza en las comunidades marginales de las grandes ciudades. Si a esto le llaman música, que el espectro de Beethoven se encuere y descule al cisne de Tchaikovky. Para mí es un virus maléfico, y sí, tiene que ver con la educación, o con la falta de ella, pero también con estos tiempos que corren, la ambición, el desinterés por la cultura y la ignorancia cada vez más creciente.
Un beso, Odette, genial lo que has escrito.
Karin

Mayda Anias dijo...

Es cierto que la educación podría hacer mucho en bien de la sociedad pero, ¿hemos contado con que los necesitados quieran? Porque sabemos que en sitios donde la enseñanza general es gratuita (y Cuba no es el único país, lo puedo afirmar), hay un alto índice de abandono escolar (en Cuba también, aunque no es alto, lo hay, lo ha habido siempre y creo que seguirá habiéndolo). Entonces, la vía de la escuela no es la solución... Ya sé que me dirán que nadie ha afirmado tal cosa, pero hay una opinión mayoritaria que cree que la enseñanza podría "minimizar" los efectos de la incultura.
Nada irá hacia atrás. Las sociedades han caminado en las dos últimas décadas a una velocidad exponencial, la tecnología ha contribuido casi absolutamente, a extender el mal gusto, no solo musical, con todos los aparaticos para reproducir imagen y sonido. Y no digamos nada de lo que ha hecho el mundo de la canción comercial: más que disfrute de voz y melodía, se trata de llevar a límites histéricos la imagen, que inmediatamente se copia, porque forma parte del negocio. ¿Han visto el vestido de filetes de lady Gaga? ¡Y no puede decirse que no tenga educación musical y que desconozca la cultura! Esperen, que dentro de poco se están vendiendo vestidos que simulan filetes recién cortados a las terneras.
Creo que opinar está bien y que criticar, entendiendo que la crítica es el ejercicio del criterio, también.

Anónimo dijo...

A mi también me presentaron ese video como "genial,debes verlo" y cuando comenzo a avanzar la carga, de igual manera empezó mi indignación, recuerdo que dije "y todavía se vuelve a subir" con bastante asombro y vergüenza y no sólo por la chica, sino por mi, por nosotras las mujeres que buscamos que nos miren no sólo por lo bien que podemos mover el culo dijera mi amiga la española, sino por la inteligencia con la que nos conducimos. pero no sé, quizá si sea educación, pero a ese son, yo no bailo.
abrazos mi querida odette, de regreso
jetzabeth

Anónimo dijo...

Bueno, querida, tu trabajo viene a demostrar que ya pasamos de la palabra al gesto, al acto de la violentación. Lamentable que las mujeres se presten y se dejen, por cuatro kilos, o porque les han prometido hacerlas artistas de jóligud, manipular en esos videos clips (de donde quiera que aquí los he visto), el ultraje femenino como acto cultural ya está
entronizado en el planeta, y durará. Eso no pasará de moda, lo presiento, es demasiado fácil ser reguetonero (a), donde no hace falta ser cantante siquiera para imponer una estética.

Gioconda dijo...

Odette que se puede esperar de un pueblo que casi ha perdido todos los valores humanos. Si aún quedan personas buenas, serias con perpectivas-son las menos-.
Dios se apiede de mi pueblo.

Teresa Dovalpage dijo...

¡Muy buen post, Odette! Me ha puesto a pensar, al igual que los comentarios… Ese de Karin sobre el cisne y Beethoven me ha hecho reír como loca, aunque la situación, bien mirada, no tiene nada de cómico. Tampoco me gusta el mentado reggaeton, me da dolor de cabeza y a las letras no las critico porque no las entiendo con el escándalo que arman…

Neiffe dijo...

Mi querida Poetisa, creo que este asunto raya en las lides espirituales. Recordemos lo que decia el gran Jesús de Nazaret: "no juzgueis". Siempre he pensado que si siguieramos solo algunos de los preceptos de este maravilloso sabio, tan politicamente correcto, podriamos construir una sociedad mas equilibrada, solo con el "Amaos los unos a los otros como a ti mismo" tenemos para distraernos bastante. El desamor en todas sus formas conlleva a la degradacion, a la decadencia...la punta del hilo, la estima, deberiamos reflexionar como sociedad sobre eso y asi los lineamientos culturales serian mas universales. Jesús era muy acertivo, simple, obvio, como todo lo trasendental.

Jorge Alejandro dijo...

El tema no tiene respuestas fáciles. Por un lado ese fenomeno nos muestra realidades de nuestra sociedad que no nos gustan, ahí corremos el riesgo de matar al mensajero por las malas noticias. Al mismo tiempo expresa y promueve valores que nos contrarían y no por diferentes, sino porque los consideramos inconvenientes. La chica bailarina de la que habla el artículo puede ser feliz con ese maltrato, pero hay montones que son maltratadas en contra de su volentad. Contra esa exaltación del maltrato hay derecho a expresarse si uno no la comparte. En fin, que no es valido prohibir, pero si debatir. Que yo no considere que algo sea bueno no quiere decir que ud no lo puede hacer si opina lo contrario. Mi respuesta es debatir, conservando el respeto al libre albedrío de cada cual. Tampoco podemos llegar a la dictadura de lo "políticamente correcto". Somos diferentes y tenemos que vivir con esas diferencias. Con los desacuerdos. Ahora, convivir no significa ocultar, enmascarar o reprimir.