martes, 12 de enero de 2010

Anormales

Fragmento de Matutino express donde Esteban Arce hace sus sapientes declaraciones




La aprobación en la ciudad de México de una ley que permite el matrimonio y la adopción de niños a personas del mismo sexo ha puesto nerviosito a más de uno. El acontecimiento no es exclusivo del “perverso” Distrito Federal; hace años existen legislaciones similares en España y algunos estados de la Unión Americana, en eso mismo andan los congresos en Argentina y Brasil, y hace sólo unos días fue acordada una ley similar en Portugal. En todas esas naciones, incluso, con validez federal, no sólo local como la nuestra.
En medio de este ambiente jubiloso que casi nos hace pensar que el mundo está cambiando hacia una apertura verdaderamente deseable, Esteban Arce, un mediocre conductor de programas de la televisión mexicana, ha defendido con vehemencia su tesis —“naturalista”— de que los homosexuales son anormales. En el espacio Matutino express, interrumpió la participación de la sexóloga Elsy Reyes con una pasión que sólo puede corresponder a quien sabe que no le asiste la razón ―o, al menos, el consenso generalizado― y, por tanto, debe imponerse a zarpazos.
Esto no debiera extrañarnos, porque Arce ha sido un asco desde que compartía con el Burro Van Rankin aquella vergüenza que se llamó El calabozo, un programa televisivo juvenil dedicado a burlarse de los que el par de tipejos, muy machines, consideraban más débiles, entre otros, mujeres y personas con retraso mental. Mucha gracia causaban a sus pubertos espectadores si atendemos a los famosos ratings y la propia permanencia de ambos conductores en proyectos de Televisa.
El suceso actual ha desatado innumerables reacciones de todos los sectores: críticas individuales, públicas y privadas, peticiones a los directivos de la televisora para que lo saque del aire, quejas ante organismos defensores de los derechos humanos, grupos para condenarlo ―e incluso vilipendiarlo― en Twitter y Facebook, boicot a las marcas comerciales que patrocinan el programa en cuestión y hasta otros grupos que apoyan al desagradable hombrecito.
La fuerza de las palabras suele marcarnos, incluso estigmatizarnos, de por vida. Cuando de pequeños, por haber hecho algo “mal” en esas instituciones nefastas que son la familia y la escuela, nos llaman “anormales” ―es decir, tontos, imbéciles, estúpidos, cretinos… o sea, con facultades mentales limitadas― nos enseñan que lo distinto es negativo, lamentable, repudiable, objeto de maltrato, burla y marginación. Así, aprendemos a usar y sentir ese término como una ofensa.
La familia y la escuela han sido, secularmente, mecanismos destinados a “normalizar” al ser humano o, lo que es lo mismo, a limar sus diferencias para hacer de cada uno un monigote igual a los demás: gente “normal”, motivo de orgullo para el núcleo, prueba del “logro” de una buena educación, cosa que no suele suceder cuando alguno de sus miembros es distinto. Es decir, anormal.
Sin embargo, anormal es, simplemente, quien no se halla a gusto con las normas establecidas en los espacios sociales y familiares por los que transitamos. Yo, por ejemplo, soy bastante anormal —en muchísimos más ámbitos que los que conciernen a la sexualidad— y de eso me he preciado siempre. Nunca quisiera dejar de serlo. Claro está, a los ojos de “los otros”, porque para mí las barbaridades que digo y hago desde que tengo uso de razón —y, al parecer, incluso antes— son bastante normalitas, lo cual habla de la relatividad einsteiniana de tales categorías.
Hay millones de gays y lesbianas alegremente normales, con comportamientos sociales estandarizados, respetuosos del prójimo, la decencia y las buenas costumbres, que no quieren ser tratados como personas “diferentes” porque no lo son. Hay otras personas, homo y heterosexuales, a los que nos inquietan las reglas preestablecidas. Nos sentimos presos, limitados, infelices, cuando tenemos que circunscribirnos a ellas.
Ni unos ni los otros están mal. El ser humano es individual, cada camino es diferente. La normalidad debiera ser vista desde esa esencia disímil, porque lo que es aceptable y gustoso para unos no tiene por qué serlo para los otros. La desgracia es que las sociedades humanas establecen lineamientos normativos bastante inflexibles que, de ser contrariados, acarrearán al infractor, cuando menos, algunos inconvenientes.
Pero esto de casarse es realmente un asunto menor que no debe poner en ascuas a la Humanidad. A no ser, claro está, que la crisis y el deterioro aparentemente irreversible del matrimonio “tradicional” ―es decir, heterosexual― esté poniendo al Estado ante una disyuntiva tan inminente de destrucción de la “célula fundamental”, que no les quede otra opción que aceptar convenientemente este “nuevo tipo” de familias ―adopciones incluidas, por supuesto― para tratar de “salvar” la estructura primaria, imprescindible para el supuesto funcionamiento de las sociedades humanas.
Contraer matrimonio ―ojo con el verbo, hablando de la fuerza de las palabras― es, sin embargo, un acto voluntario, individual: se casa el que quiere (o así debiera ser). Se torna un poco perverso que las personas se vean obligadas a casarse para regularizar ante el Estado los derechos de sucesión patrimonial hereditaria de sus parejas o la posibilidad de acceder a los beneficios que a uno de los emparejados ofrezca alguna empresa de seguros, especialmente en lo referido a atención médica y hospitalaria.
El verdadero gran paso legislativo se daría ―y no sé por qué sospecho que no se dará nunca― cuando todos los ciudadanos, de cualquier orientación sexual, gozaran de esos derechos sin el condicionamiento de tener que registrar su unión ante notario, cual si se tratara de un negocio o una sociedad civil con afanes de lucro, lo que es ―pensándolo bien―, en definitiva, el matrimonio.
Todos debiéramos ser iguales ante la ley aunque distintos sean nuestros caminos individuales. Porque la regularidad más constante es ésa: cada uno tiene particularidades diferentes al resto de los mortales. Que no habrá heterosexual que se respete ―supongo― preciándose de ser igual a Esteban Arce, por sólo mencionar un ejemplo muy a la mano.
Las leyes que aprueban el matrimonio entre personas del mismo sexo son un gran paso de avance en la lucha por las libertades ciudadanas. El que quiera juntarse oficialmente ―que casarnos, es decir, “poner casa”, lo hemos hecho toda la vida― ya puede hacerlo con la “normalidad” que asienta la legislación en la materia. Que esos matrimoniados tengan los mismos derechos que los matrimoniados heterosexuales es absolutamente justo porque lo mismo son para la ley: personas que han registrado su unión ante el Estado.
Si miro alrededor, veo mucha gente conforme con su destino. Aunque se quejen su poquito, más o menos, cuando lo amerita, y hasta digan que no, esencialmente son felices con su circunstancia y eso es bueno. Yo sé que tendré que andar y desandar muchos caminos para saber cuál es el mío, el que acaso nunca encuentre porque soy una andariega, una buscadora, una inconforme. Ayer me decía una amiga, rememorando a un viejo poeta español, que algunos somos árboles y otros, viento. Y cada uno debe ser lo que es, aunque al otro le parezca anormal.
A lo que voy, con tanta palabrería, es a que lo únicamente “correcto” es respetar que cada uno sea quien es y darle el respaldo legal ―y solidario― que para ello necesite. Ser “bueno” o “malo” no debe establecerse sobre la base de comparaciones con los otros, sino con lo que somos cada uno, con lo que hemos venido a hacer. Es decir, escuchándose y respetándose a sí mismo, no resistiéndonos a lo que marca nuestra ruta, aunque no se parezca a la de los demás, aunque vaya hacia otro destino.
Que eso es un ingenuo ideal acuariano… es posible. Pero así solemos pensar los anormales y, como dijera Esteban Arce tratando de defenderse, los que pensamos diferente también tenemos derecho a expresarnos. A propósito, que lo repita despacito varias veces, a ver si se le mete en la cabeza.

14 comentarios:

LA REDACCIÓN dijo...

Bueno, querida Odettica, si Esteban Arce es el paradigma de la "normalidad", yo prefiero ser acuarianamente anormal. Hace años, cuando ese fulanito y el otro burro hacían escarnio de aquellos que no gozaban de la amisad de un hijo del Presidente en turno (que ellos presumían), pocas voces se escuchaban en los medios de comunicación para denunciar sus "chistes" discriminatorios. Ahora, sus "opiniones" han despertado inconformidades varias. Quiero pensar que algo va cambiando.

Leticia Vaninna.

Félix Luis Viera dijo...

Querida Odette:
Si cuando dices que la familia y la escuela son nefastas en cuanto a reprobar la orientación sexual, estoy de acuerdo; pero estoy de acuerdo en que la familia y la escuela son buenas cosas mientras no se metan en lo anterior.
Vi en un noticiero la "furia" desmedida de ese Arce (¿o arce?)al defender tan asquerosa posición y creo que al tipo, que según he investigado es un sacafuegos para buscar índice se audiencia, ahora sí se le fue la mano. Yo creo aun posible que lo boten de su trabajo por discrimador, misoneísta, salvaje y comemierda. Seguramente es impotente o frígido.
He enviado mensajes a varias personas haciéndoles saber lo que dijo este tipejo.
Muy buena tu réplica y tu anlaísis del hecho en general.
Un abrazo:
Félix Luis Viera

jtg dijo...

Ay, amiga, es increíble que a estas alturas sean necesarios todavía textos como el tuyo. Todo, o casi todo, es un problema de (in) cultura. Ese presentador es, sencillamente, un hombre "sencillo". Puede que por ahí llegue a ser incluso feliz. La ignorancia puede ser tan placentera... e insolente claro está. Porque el ignorante, que empieza por ignorar su bárbaro estado, puede ser muy insolente. Sí, ver a ese energúmeno debatir con esa chica tan educada y capaz, puede deprimir a cualquiera. Pero bueno, además de tu texto, como siempre muy medido y afinado, valió la pena ver el vídeo por ver a esa mujer con toda la templanza y la belleza del mundo enfrentarse a ese picapiedras. Coño, amiga, qué guapa y qué válida esa tía. Qué heterosexual me siento frente a tías como ésa. Te abrazo.
Jorge

Quevedo dijo...

Si mi estimada, desde que el mundo es mundo con el hombre instalado en él, cada paso hacia delante ha traído por respuesta el grito de energúmenos que no comprender su andar y patalean para llevarlo de nuevo atrás. Por suerte para los andadores, hay contramarchas que fortalecen destinos, de ahí que siempre se avanza más de lo que se retrocede.
Besos
el "anormal" de Queve

Anónimo dijo...

Querida Odette el Sr. Arce sólo mostró con esa actitud su falta de compromiso con el trabajo que realiza; está perfecto que piense lo que piense, pero de ahí a hacer valer su opinión como la real, sólo porque él conduce ese programa de tv y el "poder" que esto le atribuye, al mandar a volar la opinión de una especialista sobre el tema, es muy incoherente de su parte, como lo son sus palabras sobre el tema. Si su objetivo era que se conociera en todo México, su posición ante las nuevas leyes, lo hizo de la manera más prosaica y vulgar, esto sólo nos permite ver como una de las empresas de TV más importante de America Latina TELEVISA, tiene entre sus grandes estrellas de la conducción a personas con este nivel de vulgaridad, y si repasamos todos los programas estelares de esta televisora, veremos con mucha tristeza que repiten el mismo patrón de personas, lástima por México y su gente, que mala onda. Besos.
Orlando

Knito dijo...

Amiga Odette
Es triste escuchar a comunicadores intolerantes en cadena nacional que se jactan de "normales" y de buenos "informadores". Este señor no tuvo ni una pizca de educación sexual, y además a él quién le dijo que es "normal" estar al frente de una cámara en sin sin saber llevar una entrevista de manera inteligente.

Y esta es sólo una pequeña muestra de los muchos comunicadores mediocres que tenemos como "voces autorizadas" y que desafortunadamente los medios de comunicación masivos mantienen al aire, sacrificando los contenidos por declaraciones de retrasados mentales que les aseguran el rating.

Gracias por tus argumentos, ahora tenemos estos medios elctrónicos para expresar cuando no estamos de acuerdo con algo y como dice la Letucha Vananna, quiero pensar que también esto va permitiendo que algo vaya cambiando.

Juancho

el goty dijo...

creo que por problemas de vision causados por un tal llamado ron abuelo de panama , añejo por desgracia, deposite mi comentario en el parque anterior, no importa , piensalo como un tributo a los "anormales" que poco a poco hacen de este, nuestro mundo , algo mejor. un beso goty.

Félix Luis Viera dijo...

Querida Odette:
Si cuando dices que la familia y la escuela son nefastas en cuanto a reprobar la orientación sexual, estoy de acuerdo; pero estoy de acuerdo en que la familia y la escuela son buenas cosas mientras no se metan en lo anterior.
Vi en un noticiero la "furia" desmedida de ese Arce (¿o Alce?)al defender tan asquerosa posición y creo que al tipo, que según he investigado es un sacafuegos para buscar índice se audiencia, ahora sí se le fue la mano. Yo creo aun posible que lo boten de su trabajo por discriminador, misoneísta, salvaje y comemierda. Seguramente es impotente o frígido.
He enviado mensajes a varias personas haciéndoles saber lo que dijo este tipejo.
Muy buena tu réplica y tu análisis del hecho en general.
Un abrazo:
Félix Luis Viera

Teresa Dovalapge dijo...

¡Excelente tu post! Y en realidad, ¿qué cosa es la “normalidad”?
“Normal es una persona a quien hemos conocido por sólo cinco minutos” o algo por el estilo dice un refrán. ¿Y ese mentado Arce no tiene otra manera de subir sus ratings? Puah, qué asco…

Escombros Hablaneros dijo...

Mi querida Odette acostumbrado con la calidad de la TV brasileña me he quedado horrorizado no sólo con ese comunicador-incomunicador mediocre sino con la falta de buen gusto en la ambientación del estudio, es un espanto. Y ese señor aquí nunca podría trabajar en ningún medio de comunicación. Pues gracias a Dios éste es un país de una increíble tolerancia. Besos Azuquita

Anónimo dijo...

LO QUE VERDADERAMENTE CUENTA.En los últimos años he trabajado el tema de la familia. Y me pregunto cuando abordo la temática y en especial lo que comentas en este artículo, ¿ qué es lo que verdaderamente cuenta?... Para mí, el amor. Ojalá nuestros paises no necesitaran legislar el tema, ni hubiera un día del orgullo gay, porque eso sería sinónimo de una mayor apertura al fondo de las cosas. Ojalá viviéramos mucho tiempo para verlo.
Saludos,Odette.

Juan C Recio dijo...

Odette, claro que es anormal y todos los que piensan como él.

Anónimo dijo...

Odette,
Siempre un placer leer tus comentarios. Me siento identificado contigo, como buen anormal. Me siento identificado con ESCOMBROS HABANEROS porque tambien me impresiono la muy normalita escenografia. Y me encanto esa chica que con cortesia y buena onda, tambien con firmesa, se planto olimpicamente frente al normal de Arce.
Falta un monton, pero estamos caminando.
Ernesto Carro

Anónimo dijo...

Ay mujer perdoname la irreverencia y la ordinariez! jajajja! Es que me da mucho gusto que estés escribiendo así! dan ganas de echarte porras pues! Yo estoy muy contenta de ser "anormal", felizmente anormal carajo! Y lo mejor de todo es que así nací, sipi, nadie me moldeó luego, jajajaja! Estas pendejadas son entre vos y yo, como dos anormales que van felices por la vida. Que seás anormalmente feliz Odette Alonso!
Patty