martes, 6 de marzo de 2012

¡De nuevo Minería!

Leyendo poemas de mi nuevo libro Víspera del fuego


Ayer concluyó la edición XXXIII de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, la más antigua del país y la más representativa de la Universidad Nacional y de la ciudad de México. Por sexto año consecutivo, tuve el gusto de organizar el ciclo Escritoras latinoamericanas en Minería, así como un par de actividades más: la presentación de la Antología de la poesía cubana del exilio (Valencia, Aduana Vieja, 2011), en la que me acompañaron Ernesto Olivera, Ena Columbié y Ernesto Fundora, y un homenaje a la vida y a la obra de Eliseo Alberto, en el cual Minerva Salado, Ernesto Fundora y Carlos Olivares Baró compartieron sus recuerdos y vivencias junto a nuestro siempre querido y presente Lichi.

Mis admiradas colegas y amigas en el ciclo de escritoras, a quienes les agradezco la gentileza de haber aceptado compartir su obra con el público mexicano, fueron las dominicanas Marianela Medrano y Zaida Corniel, la hondureña Patricia Toledo, la colombiana Natalia Aristizabal Betancur, las cubanas Ena Columbié y Minerva Salado, y las mexicanas Reyna Barrera, Livier Fernández Topete, Elena Madrigal, María Elena Olivera Córdova, Leticia Romero Chumacero y Aura Sabina.

Fue un placer, además, haber sido invitada por Mónica González Velázquez para presentar su antología Poesía sin fronteras. Poetas latinos en N.Y. (México, micielo ediciones, 2012) al lado de mi querida Angélica Santa Olaya y de las poetas incluidas: Yrene Santos, Juana M. Ramos, Margarita Drago, Natalia Aristizabal y Elizabeth Torres. Y fue una alegría muy especial que mis editores Héctor Alvarado y Livier Fernández Topete vinieran desde Monterrey para bautizar juntos —el domingo a mediodía, cual corresponde a celebraciones de tal naturaleza— mi nuevo, cuidado y bellísimo libro de poemas Víspera del fuego (Monterrey, Ediciones Intempestivas, 2011).

Agradezco, como cada año, todo el apoyo y las atenciones recibidas de Fernando Macotela, director de la Feria, y su profesional equipo de colaboradores, muy especialmente de Carmen González, Esmeralda Murillo, Fidel Valdivia, Elías Franco, Lesly Terrones y Sergio Huidobro.

El testimonio de nuestras actividades y de la alegría que nos rondó todo el tiempo en esos días maravillosos puede ser apreciado en estas fotos.



Presentación de los libros Luna zoológica, de Reyna Barrera
y Diosas de la yuca, de Marianela Medrano


Charla ¿Mujeres en la literatura o literatura de mujeres?
Ena Columbié, Marianela Medrano y Natalia Aristizabal


Lectura de poesía lésbica:
Natalia Aristizabal, Patricia Toledo y Aura Sabina


Presentación de la Antología de la poesía cubana del exilio
Ernesto Olivera, Odette Alonso, Ena Columbié y Ernesto Fundora


Lectura de narradoras: Leticia Romero Chumacero,
Patricia Toledo, Zaida Corniel y Ena Columbié


Presentación de los libros Solitar, de Ena Columbié
y Ciudad oculta, de Minerva Salado

Mesa de ensayistas: María Elena Olivera,
Elena Madrigal y Leticia Romero Chumacero

Presentación de Poesía sin frontera. Poetas latinos en N.Y.
Natalia Aristizabal, Odette Alonso, Angélica Santa Olaya,
Yrene Santos, Elizabeth Torres, Juana M. Ramos y Margarita Drago


Con mis editores, Héctor Alvarado y Livier Fernández Topete,
en la presentación de mi libro Víspera del fuego

Homenaje a Eliseo Alberto, Lichi:
Minerva Salado, Ernesto Fundora y Carlos Olivares Baró

Lectura de poetas: Ena Columbié, Natalia Aristizabal,
Livier Fernández Topete y Marianela Medrano

domingo, 19 de febrero de 2012

Mi "Víspera del fuego" en la FIL del Palacio de Minería



Habrá ejemplares a la venta y firma de libros

Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería
Tacuba 5, Centro Histórico
(estaciones del Metro Bellas Artes y Allende)


miércoles, 15 de febrero de 2012

Feria del Libro del Palacio de Minería





Ciclo ESCRITORAS LATINOAMERICANAS EN MINERÍA

(coordinadora: Odette Alonso)


Jueves 23 de febrero a las 17:00 hrs. SALÓN MANUEL TOLSÁ. Presentación de los libros Luna zoológica, de Reyna Barrera (México) y Diosas de la yuca, de Marianela Medrano (República Dominicana). Presentan: Zaida Corniel y Odette Alonso.

Jueves 23 de febrero a las 18:00 hrs. GALERÍA DE RECTORES. Charla “¿Literatura de mujeres o mujeres en la literatura latinoamericana?” Participan: Marianela Medrano (República Dominicana), Natalia Aristizabal Betancur (Colombia) y Ena Columbié (Cuba). Modera Odette Alonso.

Viernes 24 de febrero a las 17:00 hrs. AUDITORIO SOTERO PRIETO. Sáficas, lectura de poesía lésbica. Participan: Patricia Toledo (Honduras), Natalia Aristizabal Betancur (Colombia) y Aura Sabina (México). Modera: Odette Alonso.

Sábado 25 de febrero a las 14:00 hrs. SALÓN RAFAEL XIMENO Y PLANES. Lectura de narradoras latinoamericanas. Participan Leticia Romero Chumacero (México), Patricia Toledo (Honduras), Zaida Corniel (República Dominicana) y Ena Columbié (Cuba). Modera: Odette Alonso.

Sábado 25 de febrero a las 16:00 hrs. SALÓN MANUEL TOLSÁ. Presentación de los libros Solitar, de Ena Columbié y Ciudad oculta, de Minerva Salado. Modera: Odette Alonso.

Sábado 25 de febrero a las 18:00 hrs. SALÓN RAFEL XIMENO Y PLANES. Mesa redonda Ensayistas latinoamericanas. Elena Madrigal, Leticia Romero Chumacero y María Elena Olivera Córdova. Moderadora: Odette Alonso.

Domingo 26 de febrero a las 13:00 hrs. SALÓN MANUEL TOLSÁ. Presentación del libro Víspera del fuego, de Odette Alonso (Ediciones Intempestivas, Monterrey). Con Héctor Alvarado, Livier Fernández Topete y la autora.

Domingo 26 de febrero a las 17:00 hrs. SALÓN RAFAEL XIMENO Y PLANES. Lectura de poetas latinoamericanas. Participan: Marianela Medrano (República Dominicana), Livier Fernández Topete (México), Ena Columbié (Cuba) y Natalia Aristizabal Betancur (Colombia). Modera: Odette Alonso.


OTRAS ACTIVIDADES

Viernes 24 de febrero a las 19:00 hrs. GALERÍA DE RECTORES. Presentación de Antología de la poesía cubana del exilio, compilación de Odette Alonso. Con la antologadora y poetas incluidos: Minerva Salado, Ena Columbié, Ernesto Fundora, Félix Luis Viera, Yoel Mesa Falcón, Osmar Sánchez Aguilera, Ernesto Olivera, Iván Portela y Juan Antonio Molina.

Sábado 25 de febrero a las 20:00 hrs. AUDITORIO SEIS. Presentación del libro objeto Poesía sin fronteras. Poetas latinos en N.Y., compilación de Mónica González Velázquez. Presentadoras: Angélica Santa Olaya y Odette Alonso. Participan las poetas incluidas: Yrene Santos, Juana M. Ramos, Margarita Drago, Elizabeth Torres y Natalia Aristizabal Betancur.

Domingo 26 de febrero a las 16:00 hrs. SALÓN EL CABALLITO. Homenaje a Eliseo Alberto. Participan: Minerva Salado, Ernesto Fundora y Carlos Olivares Baró. Modera: Odette Alonso.


Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería

Tacuba 5, Centro Histórico de la Ciudad de México

(metros Bellas Artes y Allende)


Entrada: $15.00 público en general

$10.00 personas de la tercera edad, maestros y estudiantes con credencial y niños menores de 12 años

lunes, 6 de febrero de 2012

Redes



El domingo al mediodía estaba paseando mi aburrimiento por el muro de Facebook cuando vi en el perfil de la china Franco un video de un tal Nick Drake. No sé si llamó mi atención la carátula verde con el hombrecito asomado a la ventana o si fue ese impulso autómata del hastío, pero di click en el triangulito de echar a andar la música. Lo que escuché me gustó. Pensé en cuántos cantantes no conozco ni podré conocer en lo que me queda de vida, en cuántos libros no leeré, en cuántas películas no he visto.

La imposibilidad de alcanzar y abarcar todo el conocimiento, o de mantenernos “actualizados”, al menos en lo que a literatura y arte se refiere, suele ser, a ratos, angustiosa. A veces asfixiante. Eso anoté, entonces, en mi estado del perfil: la fortuna de que por medio de Facebook ―y las redes sociales en general― tengamos, con tanta frecuencia, esos amables “descubrimientos”. Al instante, Silvia Cuevas-Morales nos contó que esa mañana había recibido de un escritor de Costa Rica un poema en cabécar, lengua autóctona amerindia que no conocía.

Fue entonces cuando Manuel Iris propuso releer el poema “Límites”, de Borges y Silvia lo posteó, dicho por su propio autor. ¿Acaso no es maravilloso, en el exacto sentido del término, que las personas que compartíamos la tertulia virtual desde Madrid, Miami, Cincinnati, Los Ángeles, Saltillo, Le Havre, Toluca y la ciudad de México lo escucháramos juntos, al mismo tiempo?

Gracias a recomendaciones de otros amigos de Facebook, he oído leer sus versos, en sus idiomas originales, a la Ajmátova y a Sylvia Plath, a ee cummings o a Anne Sexton, a la recién fallecida Wislawa Szymborska y al actual Nobel Tomas Tranströmer, y dejándome balancear en el aliento de esos bardos, he confirmado, una vez más, que la poesía es otra música.

Las redes sociales, tan criticadas por muchos, son para mí una tabla de salvación. Porque cuando el vacío y la soledad me agobian, o cuando me embriaga la alegría, siempre hay un puñado de amigos con quienes compartirlo en Facebook o gritarlo a la nada en Twitter. Y cuando tengo que pasarme diez horas congelada ―en todas sus acepciones― en la oficina o un domingo desolado en casa, ellos me acompañan y me animan.

Ayer, después de oír a Borges, Rocío Franco nos recomendó La invención de Hugo, esa película multipremiada de Scorsese, nominada al Oscar, que actualmente está en la cartelera de los cines de casi todo el continente, y Albita Rodríguez nos “presentó” a Rachelle Ferrell. Así fue como se transformó el domingo que, un rato antes, pintaba para tedio desquiciante.

martes, 17 de enero de 2012

Vencidos



Para/ por/ con Piri


Al fondo de mi casa de Santiago había una habitación a la que llamábamos el cuarto de la televisión porque en ella estaba el viejo aparato en blanco y negro. Allí había también un radiotocadiscos Phillips; una caja como de medio metro cúbico a la que se levantaba la tapa superior para colocar —y escuchar— las placas de acetato. También había una colección de discos de los abuelos, de la que recuerdo la exótica portada de South Pacific, una selección de canciones mexicanas, óperas y zarzuelas. Piri y yo solíamos bailar, según nuestra propia coreografía, “Por la calle de Alcalá” y el “Pichi”, cuyo talante ya traía impregnado en mi ADN.

En ese cuarto vimos —como media Cuba— las transmisiones de aquel mítico Festival de la Canción en Varadero y Piri —que tendría cuatro años— se enamoró de un jovencísimo Joan Manuel Serrat. Sospecho que mi madre también, porque fue ella quien compró aquel long play de Mediterráneo, nuestro primer disco propio, repetido y repetido como un himno. Todavía no sé elegir una favorita entre ese puñado de canciones magistrales. Todavía las canto de un tirón, recordando su orden exacto, como si se tratara de una sola pieza, de una sinfonía. Todavía sé en qué punto le dábamos la vuelta para escuchar su lado B.

Qué va a ser de ti lejos de casa, nena, qué va a ser de ti… cantaba el catalán anticipando nuestra suerte. Porque tiempo después, con las crisis —sucesivas, interminables—, no volvió a conseguirse la aguja, al mueble lo devoró el comején, la casa se perdió en la permuta para La Habana y yo me vine, sola, para esta pradera —a ratos páramo— que el destino señaló.

Pero como también predijo el Nano, el olvido sólo se llevó la mitad. Ahora mismo nos recuerdo a Piri y a mí una tarde de mediados de los ochenta cantando a todo pulmón mientras caminábamos por las calles de Miramar: Barquito de papel, sin nombre, sin patrón y sin bandera, navegando sin timón donde la corriente quiera… Porque uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia, pero no hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí. Y una, que ya casi junta los diez lustros del Tío Alberto, que ya es mitad juicio y mitad, mueca burlona, que está harta de preguntarle al mundo por qué y por qué, sigue cantando: Si alguna vez amé, si algún día después de amar amé, fue por tu amor… Y Lucía tiene todas las caras y todos los cuerpos porque la mujer que yo quiero no necesita deshojar cada noche una margarita y porque si alguna vez fui bello y fui bueno, fue enredado en tu cuello y tus senos…

En mi gusto musical —que siempre ha sido bastante limitado—, Serrat y su Mediterráneo —al que siguieron los discos dedicados a la poesía de Miguel Hernández y de Antonio Machado— fueron la puerta a todo lo demás: Silvio y la Nueva Trova, la canción protesta, la nueva canción española y latinoamericana, los brasileños, Fito, Charly, Sabina…

Y esta mañana, cuando no hallaba las fuerzas para arrancar un día que se avizoraba como Blue Tuesday, en el muro de Facebook de Cira Andrés estaba "Vencidos", el poema de León Felipe, la última canción del Mediterráneo de Serrat. Va cargado de amargura, que allá encontró sepultura su amoroso batallar… Hay días en que declararse derrotados, reconocer la propia vulnerabilidad, es lo que nos da fuerzas para levantarnos y seguir adelante; días difíciles en los que alivia tener a quien pedirle hazme un sitio en tu montura y llévame a tu lugar. Aunque sea —¡quién mejor!— el lunático irreductible de don Alonso Quijano.

jueves, 12 de enero de 2012

Todo sucede en la Víspera



Anoche, al llegar a casa, busqué ilusionada en el buzón de la correspondencia; estaba vacío. Subí rápido las escaleras, esperando encontrar, pegado sobre la puerta, el aviso de la empresa de mensajería; pero no estaba. Traspasé el umbral con la esperanza de que lo hubieran colado por algún resquicio. “Nada sucede en la víspera”, decía aquel refrán que repetían los abuelos. Y tan cierto, que fue esta mañana cuando el cartero puso en mis manos un sobrecito amarillo con los cinco primeros ejemplares de mi nuevo poemario, Víspera del fuego, que acaban de publicar las Ediciones Intempestivas en Monterrey.

2011 ha sido, sin duda, el mejor año de mi vida, literariamente hablando. El récord de cuatro libros publicados me será muy difícil de romper: en enero pasado se incrustó en los etéricos aires de la red Escombros del alma, un ebook editado por Margarita García Alonso en sus ediciones Hoy no he Visto el Paraíso; una semana después salía en Valencia la Antología de la poesía cubana del exilio que compilé; en mayo presentábamos en la FILU de Xalapa el Manuscrito hallado en alta mar y el 10 de noviembre, según indica su colofón, veía la luz norteña esta Víspera del fuego que hoy ha llegado a mis manos.

Pero si tomamos el año como el tiempo comprendido entre dos aniversarios de nacimiento, todavía falta un libro más: Bajo esa luna extraña, una antología personal, la más completa, que el martes próximo saldrá al mercado en España desde los hornos tibiecitos de Efory Atocha, inaugurando —¡qué honor, Chago!— su colección de poesía hispanoamericana. Un año de poesía ha sido 2011, el regreso a esa Ítaca de versos, mi única tierra firme.

Pero lo que ahora se ve —y a ratos pareciera increíble— es sólo la cosecha de tantos años. Cuando abrí mi nuevo libro esta mañana, uno de los primeros recuerdos fue la recomendación de Barquet, allá por 2004 o 2005, de quitar el artículo en el título original. Porque La víspera del fuego —como entonces se llamaba— empezó a nacer en la última década de la pasada centuria. Entre sus páginas está el inicio de mis enrancias y aun antes, las veladas en el asteroide de Soleida, una tarde de café con menta en La Isabelica, los viajes en el tren lechero hacia La Habana y el espejo que se hizo añicos una noche de febrero del año 91.

21 son los caminos de Elegguá y otros tantos los que transcurren en esta Víspera. Una llovizna con olor a yerbabuena, un dominó en Bizancio, dos estrellas binarias ocultando sus nombres. Y una caja de té, un aeropuerto que son muchos y un tocadiscos de aguja con sones santiagueros. Bajo ese olor a café recién colado hay mil ciudades, ciertas noches desveladas en el cuarto de mi madre, varias mujeres y algunos hombres que me toman de la mano. Y los rieles de un tranvía y el muro de una iglesia y en cada una de sus páginas Cuba, eterna, como un estilete, como una inquietud salobre debajo de la lengua.

El tomo editado por Intempestivas, con la generosidad de Héctor Alvarado y Livier Fernández Topete y el cuidado diseño y diagramación de Alan Flores, tiene cuatro bellísimas ilustraciones de Erika Kuhn. Cuatro mujeres que esperan. Entran y salen pájaros de sus bocas, de entre la tela de sus vestidos. Dos de ellas tienen una expresión sombría; en las otras persiste la esperanza.

La Víspera del fuego es un periplo —o muchos— desde los cantos de sirena hasta los días sin fe. El viaje de este corcel sin riendas, de esta hija del aire que soy. Y al final de ese viaje no estamos intactos. Ojalá esas tempestades no dispersen muy rápido —o muy atroz— ese espejismo de humo que palpita, como despedida, en la contraportada.



Para adquirir el libro siga las instrucciones que se explican AQUÍ.

Víspera del fuego se presentará el domingo 26 de febrero a la 1 de la tarde en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

viernes, 6 de enero de 2012

Esos magos que del Oriente llegan




Las redes sociales son un observatorio privilegiado de la naturaleza humana, de las costumbres y hábitos, dudas y certezas, alegrías y decepciones de quienes nos rodean. Y esta mañana, apenas desperté, me encontré en ellas con el ambiente fantástico del día de Reyes.

El adjetivo no es gratuito ni azaroso —como casi ninguno de los que utilizo— porque a mí, que nunca me han movido una sola fibra esos magos llegados del Oriente y me he pasado la vida cuestionando el ménage à trois que dio lugar a la Sagrada Familia; a mí, para quien constituye una especie de suplicio someterme al inquietante concurso de degustar la rosca de Reyes sabiendo que en cualquier momento, entre las migas del pan seco, aparecerá el muñequito que —aunque los viejos insistan en llamarlo bendición— nos hará perdedores y seremos castigados a pagar los tamales del día de la Candelaria; a mí, pues, me conmovió —hasta la envidia— la emoción y el tono travieso, juguetón, con los que algunos amigos se referían a la fecha y sus rituales.

Algún recuerdo hermoso han de conservar de la infancia, de aquellos días niños, para que sigan reproduciendo ese hálito mágico que me sorprende. Eso pensé y mi memoria voló hacia cierta atmósfera expectante, muy lejana, y hacia un pianito de cola, rosado, que le llevaron los Reyes a Piri. O tal vez lo estoy confundiendo con los juguetes que después se compraban sólo el Día del Niño. Y quizás confundo aquella cabalgata, que desfilaba por la calle de mi casa, con las carrozas del carnaval. Como confundo la vivencia navideña con una foto en blanco y negro —que veía después en el álbum de los tíos— en la que estoy, de poco más de un año, sentada junto al árbol de adorno, examinando con curiosidad algún juguetito que tenía entre las manos.

No quiero hablar de lo que pasó después en aquella tierra en la que nací: ni de hombre nuevo ni de trincheras, ni de milicias y agricultura, ni de acusaciones, delaciones, depuraciones y defenestraciones, ni de prohibiciones ni de amenazas cumplidas. Sólo quería contarles de esta indescriptible sensación de vacío que me provocó la ilusión de mis amigos. De cómo pensé, entonces, en la importancia de las tradiciones para el tejido social de un pueblo, en su papel como parte del sentido de pertenencia e identidad, en los procesos de asimilación y elaboración de la fantasía en la mente infantil que dará lugar a la mente —y al alma— adulta.

En medio de mi arrobamiento, alguien me señaló el contenido profundamente consumista y desigual del día de Reyes. Me dijo que los niños no necesitan alimentar su fantasía con una celebración tan vacua y materialista porque la magia les es consustancial. Pensé entonces en tanta magia aplastada y reducida a golpes de materialismo, pero tampoco de eso quiero hablar ahora.

La variedad existe y cada quien es libre de elegir en lo que cree y lo que fomenta, lo que le enseña a sus hijos y lo que no; eso diría cualquiera en este otro mundo que nos ha sido permitido conocer. Pero nosotros, los cubanos nacidos después de 1959, no tuvimos esa libertad. Por eso no debe asombrarles que me asombren las cosas que he visto y sentido hoy, éstas que les comparto.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Ha salido mi nuevo libro de poesía

Víspera del fuego
Monterrey, Ediciones Intempestivas, 2011
(ilustración de portada: Erika Kuhn)



Acaba de ver la luz de este invierno en Monterrey mi cuaderno de poemas Víspera del fuego, un libro que resumen los eventos más recientes de mi relación con Cuba: la migración, las modificaciones en la noción de patria, los regresos, la memoria. Imperios que se desploman e imperios que se edifican. Una ruta vista, en gran medida, a través de los amores, esas otras tempestades: los que perviven y los perdidos, los que nacen o renacen o se transforman.

En la nota que aparece en una de las solapas, lo explico de la siguiente manera:


Como un hilo invisible, el miedo y el amor van tejiendo una historia. Hay una luna en Cáncer, un nombre que no debe pronunciarse, una azotea frente al mar de noche. Y siluetas que deambulan en la arena sobre un espejo hecho añicos. Viejas canciones evocan ciertos aires caribeños y la isla es una sombra incandescente. Hay fantasmas que regresan y ángeles a los que han vaciado el alma. Hay un bocado agridulce, un silencio intramuros y dos gardenias muertas, como las del bolero. Sobre las aguas mansas flota un olor a café recién colado y la patria es un pendón de carnaval. En cada página de este libro una muchacha escribe cartas, hace preguntas, inventa coordenadas y ese hilo invisible va tejiendo la trama que vuelve cotidianos al miedo y al amor.


En la contraportada, como muestra, aparece este poema:


Humo

Cuando las gotas empiezan a danzar sobre el tejado

y el agua se hace charcos en el patio

floto en la espera de tus ojos

abriendo ese portón

que separa a la ciudad de este domingo

sin la rabia ni la prisa ni la duda.

No necesito más que ese silencio

que salpica mi piel como alfileres

cuando el azul se asoma entre las nubes

y soy otra

y soy yo

y me vuelvo niña

un espejismo que palpita

sólo el humo.


Estoy muy feliz de ver por fin vivos este puñado de versos que durmieron por tantos años bajo mis alas, en ese proceso de añejamiento que esperó hasta el momento justo. Gracias a mis queridos Héctor Alvarado y Livier Fernández Topete y a sus Ediciones Intempestivas por la confianza, la oportunidad y la bellísima edición. Gracias a Erika Kuhn por las ilustraciones. Gracias, desde ahora, a quienes lo lean y lo promuevan.


Instrucciones para la compra:

El costo regular del libro es de 100 pesos mexicanos, pero si lo solicita antes de fin de año, lo recibirá con el descuento navideño, por lo que costará 70 pesos mexicanos (a partir de enero vuelve a su precio normal). Para envíos al extranjero, escribir y consultar al correo que a continuación se proporciona.

Para realizar sus pedidos, siga las siguientes instrucciones:

1. Enviar su dirección postal y pedido a half.projects@gmail.com.

2. Depositar 100 pesos mexicanos (70 si el pedido se hace en diciembre) por cada título a la cuenta que aparece enseguida + $ 30 si el pedido es de 1 a 5 libros, o $ 100 de 6 a 10 ejemplares.

Cuenta número 0507068969 a nombre de Livier Fernández Topete en BANORTE

3. Escanear y enviar su ficha de depósito al mismo correo electrónico y recibirá en la semana siguiente sus libros.

martes, 27 de septiembre de 2011

Energía con sentimientos



En los días recientes despertar ha sido una hazaña. La alarma del reloj parece lejanísima entre las brumas de ese amanecer tardío que ya exige la vuelta al horario normal (que el verano se acabó). Como el Sol tampoco se despereza tan temprano, acabo arrebujándome de nuevo en las cobijas hasta que inevitablemente se hace tarde. Y si abrir los ojos ha resultado un reto, levantarme es una herculada (interprétenlo como quieran): las energías huyen, todos los días parecen jueves. ¿Es casual que esté tan cansada a principios de semana?, me pregunto mientras pienso en las tormentas geomagnéticas que están teniendo lugar desde el sábado en las capas superiores de la atmósfera terrestre y en la ruta de esa cosa cósmica, cometa o estrella, a la que han llamado Elenin.

Hay que vivir para aprender. Quienes me conocen más o menos —si es que fuera posible “conocer” a otra persona—, saben que desentrañar el sentido de la existencia es uno de mis leitmotives más recurrentes. Y ponerle tanto cacumen a un tema puede arrojar, finalmente, ciertas conclusiones y argumentos para mí misma, que sólo al individuo le funcionan sus explicaciones —aunque las comparta— porque, como bien decían las abuelas, nadie experimenta —ni escarmienta— en cabeza ajena.

Con esa mala costumbre de repetir que no entendemos las ciencias exactas, solemos pasar por alto, una y otra vez, lo que la física ha dicho siempre sin tapujos: sólo somos energía en movimiento, transformándose de un estado al otro. “Energía en función del planeta en que vivimos”, pensé esta mañana al sentirme tan desenergetizada. Es decir, pilas de las que el Universo se alimenta. Energía con sentimientos, en todo caso, porque son ellos —nuestros odios y nuestros amores— los que desprenden el efluvio.

La Tierra tiene, como todos saben —o debieran saber—, un escudo geomagnético para protegerse de cualquier agresión externa, como esas emanaciones que el Sol nos escupió el sábado pasado o las jaladitas que, dicen, nos puede dar Elenin al atravesarse en nuestra órbita. Allá arriba, en las capas superiores de la atmósfera, se producen entonces grandes tormentas ocasionadas por contendencia entre las fuerzas que pretenden entrar y las que tratan de evitarlo. Para repeler esos ataques, el planeta necesita grandes cantidades de energía que toma en primera instancia, ¿de dónde creen?... ¡Exactamente! De sus pilas. Pero cuando esas cargas no resultan suficientes, tiene que acudir a soluciones más drásticas: terremotos y maremotos, erupciones volcánicas y géiseres, tornados, tsunamis, torrentes desbocados, incendios forestales y todo fenómeno natural que facilite la salida en abundancia de las energías contenidas en el núcleo terráqueo. Para mí, todo ha quedado claro.

Envuelta en todas esas reflexiones y nuevas certezas salí de la casa y caminé por la acera de Rébsamen. A media cuadra hay un kínder en cuya puerta las maestras cuelgan cada mañana un cartel donde explican a las criaturas ciertos valores humanos y comunitarios. “¡Pilas, eso somos, pilas!”, iba diciendo en mi cabeza cuando, al levantar la vista, me topé con el letrero de hoy: en letras mayúsculas de color anaranjado decía: “Las PILAS son…” y toda una explicación de cómo reciclarlas.

Minutos después, en el vagón del metro, observé con otros ojos a mis compañeros de viaje. Mirando sus patillas delineadas, nuestras ropitas de colores, los aparatitos en sus manos o sus orejas, los pelos peinados con gel, por fin tuve la respuesta que tanto he pedido: ¡somos un juego de video! ¡Por fin lo entiendo! Todo es perfecto. No necesito más.

lunes, 26 de septiembre de 2011






El Parque del Ajedrez, la Casa del Poeta y la editorial Aduana Vieja

tienen el placer de invitarle a la presentación en México de

Antología de la poesía cubana del exilio

con la presencia de su editora, Odette Alonso

los poetas incluidos que residen en la ciudad de México
Minerva Salado, Félix Luis Viera, Ernesto Fundora, Yoel Mesa Falcón,
Juan Antonio Molina, Osmar Sánchez Aguilera e Iván Portela


Martes 27 de septiembre de 2011, 7 pm
Casa del Poeta
(Álvaro Obregón, 73, entre Mérida y Córdoba, Colonia Roma, México DF)

Entrada libre, libros a la venta


Para compras por internet: Publiberia Libros