martes, 9 de diciembre de 2008

De putas y tiranuelos

Jinetera en La Habana



No sé si pueda aún cantar triste y ecuánime
sobre el reloj antiguo del último deshielo…
Heriberto Hernández


Ayer se cumplieron dos décadas de la tarde en que un comando militar irrumpió en la lectura de poemas que se realizaba en la librería El Pensamiento, de Matanzas, Cuba. A patadas sacaron los boinas rojas a los poetas, varios de los cuales permanecieron incomunicados durante días en las mazmorras de la Seguridad del Estado provincial. ¿Qué hicieron esos muchachos para merecerlo? Escribir poemas y leerlos por toda la isla.
Han pasado veinte años y otras tantas cosas: se desmoronó como merengue el campo socialista, sobrevino el período especial y con él, el hambre y la miseria más grandes, masivas e indiscriminadas de que se tenga noticia en la historia de Cuba; salió del país media intelectualidad y después del habanazo de 1994 —la primera protesta popular espontánea en contra del gobierno, reducida también a golpes—, se desbordaron las costas en una crisis de los balseros que no ha parado hasta hoy. Y se legalizó el dólar y la prostitución se convirtió en modo de sobrevivencia para buena parte de los cubanos.
Mónica Garza, una de las conductoras “estrella” del espectáculo mexicano, está anunciando para el prime time del sábado próximo en TV Azteca una entrevista con “una mujer que con sólo mencionar su nombre evoca escándalo”: Niurka Marcos, la “vedette” dueña de las cumbres del rating en la televisión de este país. En los adelantos de la siguiente emisión de sus “Historias engarzadas”, la conductora afirma, con una contundencia que desconcierta, que la prostitución es algo consustancial en Cuba, incluso desde antes de 1959. Y le pregunta a Niurka cómo, siendo así, pudo sortear ese “destino prefijado”.
Al margen de que la susodicha en cuestión no haya conseguido en realidad sortearlo cabalmente, esa aseveración, digna de un terrorista de la palabra, me deja preguntándome, una vez más, cómo fue que llegamos a convertirnos en el burdel del mundo. Porque la idea de Mónica Garza es, lamentablemente, una imagen común y extendida entre los “interesados en Cuba” en las últimas décadas. Hasta los más respetuosos se acercan a ese tema planteando lo cachondo que somos, en esencia, todos los isleños. Y tan internalizado lo tenemos a estas alturas, que hasta hacemos orgulloso alarde de nuestras excelencias amatorias y nos empeñamos en defender apasionadamente el tamaño del pene nacional, siempre monumental en comparación con los de otras nacionalidades.
Antes de la revolución había putas en los barrios de putas, en las zonas rojas, como en todas las ciudades del mundo. El asunto es que como la revolución, en sus afanes de salvación y limpieza moral, eliminó las casas de cita, ahora están en todas las esquinas. De ese modo el oficio dejó de ser “discreto” —si alguna vez lo fue— o acotado a ciertas áreas y se hace tan público que en muchas de las fotos que publicitan los lugares turísticos, protagonistas o de refilón, abierto o sugerido el mensaje, aparece una jinetera. El fenómeno es una realidad incuestionable. Sectorializado —¡no todas las cubanas son putas!—, pero incuestionable. Y es, curiosamente, junto a la dignidad nacional, una de las imágenes generalizadas de la Cuba actual. Al mismo nivel la revolución y las muchachas facilonas.
Y eso no es gratuito. La economía nacional depende en buena medida del turismo y el que va a Cuba, en gran porcentaje lo hace con intereses sexuales. De modo que el gobierno no sólo se hace de la vista gorda, sino que favorece la prostitución de toda índole —del cuerpo y del alma—, aunque diga o aparente otra cosa. Una prostitución “de nuevo tipo”, ejercida por el hombre nuevo y la nueva mujer, esos seres desprejuiciados hasta el desparpajo o la vulgaridad. Cuentan que el malecón es la gran pasarela, el bazar sin fin de los pecados y los milagros. Que ahí en el muro, a la intemperie, junto al mar, pueden encontrarse desde un trío cantando sones tradicionales y una variedad gastronómica con tintes clandestinos, hasta —y sobre todo— las más variadas y multifacéticas ofertas del negocio sexual, incluidos sus potenciadores naturales: el alcohol y las drogas.
Conozco a más de uno de esos defensores a ultranza de los logros revolucionarios, que va una vez al año no a participar en los trabajos voluntarios ni a cortar caña —¿nada de eso existe ya, verdad?—, sino a refocilarse con una mulatona o un mulatón de ensueño —o ambos, juntos y revueltos—, diestros en desentrañar los placeres de cada anatómico rincón. Tal vez piensan estos románticos guerrilleros extemporáneos que hay que apoyar, así, esta nueva etapa; perdonarle el desliz fisiológico al “proceso” —culpa del imperialismo y los ciclones, claro está—, a cambio de tanta divina cosquillita.
A 50 años de 1959 ése es uno de los rostros más visibles y odiosos del deterioro. El flagelo de la prostitución no es —no, Mónica Garza; no, guerrilleritos trasnochados; no, comandantes del pueblo— una característica consustancial del ser cubano ni lo era antes del ‘59. Entonces, para referirse a la mayor de las Antillas, nadie decía “¡Qué putas son las cubanas!” ni le aconsejaban al amigo: “A Cuba hay que viajar soltero”.
Dos versos saltan del fondo de mi memoria; aquellos donde Martínez Villena decía: “Hace falta una carga para matar bribones/ para acabar la obra de las revoluciones”. ¿Una carga?, me pregunto de inmediato, ¿para matar? ¿Acaso no fue una carga lo que emprendió contra los poetas en Matanzas?, ¿no lo fue la que apagó el habanazo a palazos y patadas de esas guardias blancas que fueron —¿son?— el contingente Blas Roca? ¿Eso sería lo que quisiéramos repetir?
Hace un par de semanas un lector, que convenientemente firmó como Anónimo, dejó un apunte al final de los comentarios de “Tiranuelos” en el cual planteaba que si los métodos de condena/represión habían sido tan efectivos para el régimen castrista/castrador, por qué no podrían seguirse al pie de la letra en el destierro con el fin de perpetuar —entendí yo— el “poder absolutista” del exilio histórico sobre las nuevas generaciones que, viniendo de Cuba con el cerebro “enjuagadito” (sic), intentan proponer prácticas más conciliadoras e inclusivas.
Me pareció una estrategia perfecta para quien quiera ser un dictador a imagen y semejanza de aquél, repetir los patrones del padre golpeador y eternizar la defenestración, los fusilamientos, la sacadera de ojos, la cacería de brujas. “La sangre numerosa”, el más reciente de esos excelentes artículos que publica en El Nuevo Herald Rafael Rojas —según Camilo Venegas, y yo apoyo, la mente más organizada que ha dado la nación después de Capablanca—, plantea: “Durante siglo y medio los cubanos se han enfrentado unos a otros […] La nación, entre cubanos, no ha sido entendida como democracia, sino como exterminio o exclusión”. Y me (les) pregunto: ¿Ese pasado es el futuro que queremos?

18 comentarios:

Lazaro Gonzalez dijo...

Excelente, gracias Odette

Chantal Plata dijo...

Muy buena reflexión, Odette.
Solo me quedó una duda... Niurka vedette?

Heriberto Hernández dijo...

No se, nadie puede saberlo...

Lázaro Buría dijo...

Cuando leo a la inteligencia y el talento hablar -y tú la lo tienes-, me enervo a semejanza de cualquier rutina sexual. No importa que se equivoque o confunda las peripecias del discurso -¡es tan bello y elegante, que parodia La Verdad-.

Si entendiéramos "la putería" -tanto la de ella como la de él-como la forma más transparente de "La Economía" y nos concentráramos más en La Inequidad como su peor impudicia, nuestros ojos lo verían todo más claro. Y la respolsabilidad estaría mejor repartida.

Aún lo dicho, estamos de acuerdo en algo: Rojas. ¿Estás segura que sabe jugar ajedrez?

Un saludo,

LB

Camilo dijo...

Y la isla ahora, mi Odette, es un maldito tablero donde ninguna de las fichas se mueven, desafortunadamente, ni las que aporta Rojas con sus textos. Genial la foto. El texto, lúcido, amargo, como casi todas nuestras verdades.

Lauren Mendinueta dijo...

Tu artículo es lúcido y necesario para ayudarnos a comprender la realidad de Cuba. Gracias

Anónimo dijo...

Excelente artículo, Odette, con ese nacionalismo verdadero, por una patria de verdad. Casi nunca dejo comentarios a pesar de leerte, pero éste lo merece por la cruda realidad que planteas. Un abrazo desde Venezuela. Teresa Coraspe.

Woland dijo...

¡Muy bueno, Odette! ¡Coincido con el juicio sobre Rojas!!!
Un abrazo.

AGA dijo...

Comparto contigo, cara Odette, la justa ira que como lava nutre cada línea de tu texto... ¿Qué puede esperarse de un sistema esperpéntico como el de la isla, donde el "Tirano de las Banderas" rojinegras proclama con orgullo inexplicable que "las prostitutas cubanas son las más sanas e instruidas del mundo"? "Algo huele podrido" y no en la Dinamarca hamletiana sino en la Cuba castrista. Es muy lamentable que un país como el nuestro, que regaló al mundo a Heredia, Martí, Lezama, Guillén, Carpentier y Cabrera Infante, hoy se conozca
popularmente por la imagen barbuda de un ídolo que se desmorona y las caderas, más que generosas, libérrimas, de sus mulatas...
Muy triste, amiga. Un beso,
Alesso

jtg dijo...

Niña, qué bien escribes. Sólo si escrito de esa manera, con esa lucidez, merece la pena, a estas alturas del partido, detenerse ante las preguntas que formulas y contestas tú misma meridianamente. Pero yo, que te leo encantado, me resisto a abundar en tus razones. Prefiero contarte un anécdota: Un amigo mío, arquitecto y anticastrista como yo -ya ves, nadie es perfecto- se encontraba realizando un trabajo para un levantamiento gráfico y fotográfico muy tendencioso en Centro Habana. Se trataba de recoger datos de los sitios donde se habían escondido Castro y/o sus acólitos entre 1953 y 1958. Mientras mi amigo medía y recogía datos sobre los referidos inmuebles -por cierto, los tan-valientes vivían escondidos, se escondieron en cientos de sitios. Nunca se supo de sitio donde se hubiera escondido José Antonio, por ejemplo- conoció a una antigua madame de un burdel. Ésta le contó: Ese hijoeputa de Raúl, vino aquí un día corriendo a esconderse de la policía. Nosotros lo acogimos de mil amores, le dimos de comer, de beber y le ofrecimos cama. Y ¿sabes lo que nos dijo el muy cabrón? que no nos preocupáramos, que ellos se encargarían de quitarnos del negocio. Y lo dijo delante de las putas. Yo me insulté, claro, el hijoeputa mordía sin vergüenza la mano que le daba de comer. Pretendía joderme el negocio. Así que lo puse de patitas en la calle a ver si la policía lo encerraba de una vez por todas... Mira, Odette, cuando mi amigo me contó la anécdota, estuve riéndome más de una hora. Ya ves, además de torpe -porque a quién se le ocurre ir a esconderse buscando protección en un negocio y decirle a su dueña que se lo va a quitar-no tiene memoria... Ni vergüenza. Seguramente que, después de ese día, jamás hizo ese tipo de comentarios en otros burdeles.
Gracias por tu texto. Te abrazo. Jorge

Mayra Alvarez dijo...

Hola Odette, con gusto leí tu texto y en otros tiempos, quizás recién llegada a México, me hubiera molestado muchísimo el comentario de una conductora de TV afirmando que la prostitución es algo consustancial en Cuba de toda la vida. Pero, tras 18 años de vivir y recorrer casi de una frontera a la otra este hermoso país en sus paisajes y tradiciones, hasta me da risa, pues aquí se cumple ese refrán de que “no hay peor ciego que quien no quiere ver” e, incluso, podrían algunas como ella sacarse los ojos para negar la realidad de un México colmado de putas de todas las categorías, desde las niñas vendidas por sus familias (un secreto a voces), vendidas muy barato a cualquiera que desee comprarlas, a las putas de esquina en cada pueblo o ciudad, desde los más sórdidos rincones del Centro Histórico, de la Merced, de los pasillos de la Central de Abasto, hasta Sullivan, la Zona Rosa, Viaducto o cualquier colonia, o las putas de más nivel, las de catálogos o de Mens Club, no sólo extranjeras, sino “niñas bien” que bajo el manto de la discreción hacen su buena lana con altos personajes.
¡Y qué decir de las putas “respetables”!, las casadas con señores de posición, aunque no les gusten, por complacer a sus familias y tener la tarjeta de crédito abundante, y que luego se acuestan con los amigos, o los maridos de las amigas, que se acuestan, a su vez, con los maridos corneados... O ya más maduritas que se van a unos famosos sitios llamados “El Súper”, donde chicos de buen ver dan servicio personalizado mientras otros más modestitos salen en sus coches a hacer el súper y así justificar las 2 o 3 horas de ausencia complaciente.
Por supuesto, querida Odette, gracias a este trabajo que me permite moverme por muchos sitios, estratos y situaciones, nada me sorprende. Tampoco el montón de mujeres de todas las edades y categorías sociales que organizan, igual que sus maridos bajo pretextos de negocios, tours culturales (dizque...) a Cuba para conocer los museos (sobre todos, las esculturas vivientes) y profundizar en la negritud o en la mulatez que tanta fama de buenos servicios sexuales ha propagado en el mundo. O cuando vienen a México las orquestas, hay hasta grupos de “solidaridad” (yo fui representante de dos de éstas, y viví esas experiencias) y abundan las señoras aficionadas al sexo cubano que pagan a cualquier precio, con espléndidos regalos o en efectivo, y no importa si son casadas, ahí están, cual rebaño obediente, siempre atentas al próximo conjunto musical que venga a tocarles al son que les gusta, en lo más profundo de su ser... ¿Qué son todas ésas, putas o sólo ávidas señoras calientes? Quizá no son putas porque pagan, ¿o son putas porque sin importarles sus maridos ahí van a gozar como las que más, hoy con unos, mañana con otros, el próximo mes con los que regresan…? ¿No se llama putas a las promiscuas?
Yo voy cada dos años a La Habana y la única diferencia entre la pasarela de putas cubanas del malecón con las múltiples que deambulan sólo la Ciudad de México es que, en verdad, las isleñas son más atractivas, más preparadas, y aún las flaquitas o las menos agraciadas no impactan tanto como las de acá, peculiares por su volumen y desaliño tristón... Por supuesto, allá muchas todavía no se valoran en su justa medida y se acuestan demasiado barato con nacos y otros especimenes, que aquí para llegarle a una rubia ni reuniendo sus dineritos del año se los permiten en un Mens Club o ese tipo de casas.
Tal vez la conductora de TV perdió el amor de sus sueños en los brazos de alguna puta cubana, y se le quedó el recelo y la envidia, como a muchas otras chaparritas boilers, que van y van ansiosamente tratando de comprarse un esclavito cubano que las haga sentir mujeres, cuando aquí ni las miran, ya sean por nativas, por obesas o por pobres. O por los tres factores, que en una nación tan racista y clasista como ésta es para suicidarse.
Pero no por tantas y tantísimas putas en México uno puede generalizar y ofender a un pueblo con la simpática simplicidad que lo hacen muchos mexicanos, y esos comentarios ignorantes los he escuchado tantas veces, que nada más queda por decir: "pobrecitos”. Confío en la inteligencia de muchas personas mexicanas, que conozco y comparten criterios como el mío y que no se ensucie demasiado la imagen de este pueblo ante la nación cubana, la de la isla y la desparramada por el mundo, a menudo harta de oír estupideces y faltas de respeto como la de la conductora de TV, que por cierto, ¿cómo habrá llegado a su puesto de trabajo? Porque no faltan las historias de que para obtener una alta posición en los medios televisivos hay que darle vuelo a la hilacha... ¿o no? Ojalá esta señorita lo haya logrado con el sudor de su frente... No te doy más lata. Saludos,
Mayra Álvarez

Teresa Dovalpage dijo...

Tremendo artículo, Odette. Los orishas buenos te guían, sentados a la vera de tu ordenador.
Lo que no entiendo es por qué en México parecen tomar a la mentada Niurka como representante de las mujeres cubanas, o aún peor, de "lo cubano". ¿Acaso no hay otras compatriotas que puedan ser mejores símbolos de las cubanas que esa criatura desopillante?

Quemain dijo...

Querida Odette, brillante exposición. Un aplauso. Me gustaría llevarlo, junto con algunos comentarios a www.excentricaonline.com que ya conoces. Un abrazo
Miguel Ángel Quemain

Miguel Cossío dijo...

Querida Odette:
Felicidades por tu reciente artículo de fondo. Creo que el problema de la prostitución es un fenómeno complejísimo, y con frecuencia veo, a través de la televisión española, cómo se manifiesta en la llamada Madre Patria. Existe en todas partes, y muy altas figuras de la política norteamericana han caido en la red de una sofisticada forma de ejercer el más viejo oficio de la humanidad, como dicen algunos. No es consustancial a Cuba, ni a país alguno, sino a un conjunto de elementos, como la miseria o la necesidad, el facilismo o pasantismo, la psicología, la sociedad, quién sabe.
Creo que el error romántico de la revolución en sus primeros tiempos fue aferrarse a la idea de que el fenómeno se resolvía a la manera evangélica, con el perdón de Jesús a María Magdalena y su incorporación al séquito de los discípulos. El deterioro económico, como bien señalas, demostró que el asunto es más profundo y reincidente. Pero no exclusivo de Cuba. ¿Acaso no hay turismo sexual a Tailandia? Todo se magnifica en cuanto a nuestro país, y todo se sale de medida.
La prostitución, las jineteras y jineteros están ahí. Pero nuestra Patria es más grande, "decente", con principios morales más firmes, a pesar de tanta propaganda. Nuestros hijos e hijas, allá o en el exilio no son ni serán jamás putas o putos. Y es nuestro deber de cubanos, de padres y familiares, de ciudadanos, hacer saber al mundo que Cuba no es, ni será jamás un burdel, a pesar de los Castro, por encima de todo.
Recibe mi admiración y afecto,
Miguel

ena dijo...

Hemos pasado de ser unos de los latinos mas emprendedores, a los tristemente celebres machistas y putas. Son las secuelas del comunismo a lo Castro. Y mucho deterioro se ira sumando amiga, no queda nada que hacer.
Un abrazote, tu hermana
Ena

Nancy dijo...

Es tipo de prostitucion que ejerce desde que llego al pais, el desgobierno de Castro. Inducida y ejercida a partir de la escasez de recursos, la doble moral, la division de la Familia. La siembra fue el odio feroz, la recogida es la pobre cosecha de casi 5 generaciones.
Un abrazo
Nancy

Quevedo dijo...

No por conocida no deja de ser interesante el planteamiento de este 63, espero que por lo menos a mi auqnue sea de forma colateral me mantengas informado sobre el programa a Niurka que es la hoja con la que iniciaste la narración de este árbol. Te mando un beso querida,
Queve

William Navarrete dijo...

Llego tarde pero me lo bebo enterito y lo aplaudo de A a Z. ¡Excelente artículo Odette!